JUGAR AUNQUE SE APRENDA
El Museu de la Ciència de Barcelona fue el escenario donde tuvieron lugar, entre los años 1982 y 1988, las diferentes ediciones del <<Congrés Català de Lògica>>, que reunia investigadores repartidos por toda la geografia catalana --Illes Balears incluidas-- más o menos especializados en alguno de los múltiples aspectos de la lógica. Durante un fin de semana, normalmente en la segunda mitad del invierno, profesores e investigadores exponíamos en catalan y en el excelente marco del Museu, los trabajos que nos ocupaban.
Lo cierto es que, en esta y en otras ocasiones parecidas, los periodistas --incluso los más atrevidos-- apenas balbuceaban unas palabras de disculpa excusando su ignorancia y pidiéndonos piedad en nuestras explicaciones para que, nos decian, fueran comprensibles para el gran público. Fue en este contexto donde pude apreciar, con toda su crudeza, el amplísimo abismo que existía entre los científicos y/o aspirantes a ser tenidos como tales y la sociedad que nos rodeaba.
Con todo, y dado que disponíamos de algunas subvenciones oficiales, había siempre un lugar para el acto protocolario de apertura, donde alguna autoridad política se congratulaba de tenernos allí a todos juntos y bajo control durante, por lo menos, un fin de semana. Alguien del comité organizador decia algunas palabras, lo mas vacuas posible, sobre la salud de los estudios catalanes en lógica --por lo menos, cuando me tocó el turno a mí, así lo hice-- y después, tras una breve pausa, seguíamos con las sesiones técnicas propiamente dichas.
Pero, como es bien sabido, toda regla tiene una excepción, y en la tercera edición, la de 1984 --un año emblemático por tantas y tantas razones-- el inaugurador de turno se quejó de la escasa o nula influencia que las diferentes ediciones del <<Congrés>> habian tenido sobre la sociedad catalana y como muestra de esta escasa influencia ponia como ejemplo la notoria falta de eco que habia tenido en los medios de comunicación de Catalunya la reciente muerte, en Berkeley, de Alfred Tarski, uno de los lógicos más importantes de este siglo.
Puedo asegurar que la sorpresa --más bien estupor-- fue general, pero no tengo ninguna duda sobre quien era, a distancia, el más sorprendido y estupefacto de la sala puesto que, precisamente, me encontraba en Berkeley cuando se produjo el óbito de Tarski y éste no fue noticia ni para el propio periódico del Campus de la universidad que le tenia como profesor emérito. En cualquier caso, la pregunta era obvia: [[questiondown]]Cabia exigir responsabilidades al <<Congrés>> por las bajas cotas de sensibilidad lógica mostradas por la sociedad catalana? La respuesta, y por fin entro en materia, era tan obvia, como lo es la respuesta a la pregunta de si cabe exigir responsabilidades a los museos de la ciencia y parecidos por no crear cultura y/o no elevar el nivel de conocimientos del ciudadano. [[exclamdown]]Por favor!
No es la primera vez en la que he oido o leido argumentos en contra de la superficialidad aparente de los museos dedicados a la divulgación científico-tecnológica: el argumento básico de estos, digamos fundamentalistas científicos, es siempre el mismo. En estos recintos, tan profanos, sólo se exhibe el resultado y no las razones y el camino, siempre plagado de dificultades, que han llevado a su consecución. A este argumento, desde hace ya mucho tiempo, siempre he contrapuesto el ejemplo de un espectáculo de masas como es el fútbol: de todo el montaje sólo se exhiben los partidos --y, si mucho me apuran, estrictamente los resúmenes con los goles-- y nadie, o muy pocos, ven el esfuerzo diario y de horas y horas de trabajo que supone el mantenimiento de la forma física y los ensayos de jugadas para poder llegar al resultado que luego se exhibe por la televisión en no más de veinte segundos por jugada de peligro o de gol.
La misma reflexión lleva, de forma natural a preguntar, [[questiondown]]y por què no puede plantearse una parte del montaje científico-tecnológico como un espectáculo? [[questiondown]]Hay que exigir al ciudadano, que no deja de ser en definitiva el que nos mantiene, i.e. el que paga los entrenamientos y el terreno de juego, que encima se esfuerce él por entender lo que hacemos nosotros, los científicos? Pues a mi, que me dejen en paz, y que hagan lo que quieran: [[exclamdown]]castíguenme, pero no me lo expliquen!
No hay que olvidar que cualquier aprendizaje es fruto de un acto voluntario. Por consiguiente, si la era en la que vivimos está dominada por la cultura-espectáculo, el sistema ciencia-tecnologia no tiene porque ser una excepción, ni disfrutar de ningún privilegio que obligue a nadie, ajeno a la profesión, a escuchar nuestros grandes y transcendentes mensajes. Si se quiere divulgar, no hay nada más eficaz como montar un buen espectáculo, eso si, sin trampa ni cartón. Y por ello, aunque sólo fuera por ello, los museos de la ciencia tienen más que justificada su existencia y tarea. Cada cual que profundize, de acuerdo con sus necesidades, al nivel que quiera o pueda. Es al realizar dicha labor de adentrarse de verdad en el conocimiento cuando interviene el esfuerzo personal, pero ni un segundo antes.
Volviendo al paralelismo con el fútbol, tengo un hijo de trece años que juega --hay que llamarlo de alguna forma-- con el equipo infantil de la ciudad de donde somos originarios. Los sábados por la tarde, cuando nos reunimos madres, padres y abuelos en los diferentes campos de futbol de la geografia mallorquina y bromeamos sobre el futuro de las promesas futbolísticas en ciernes que evolucionan en el campo de juego, no me queda ninguna duda de que muy pocos o ninguno llegará a ganarse la vida como futbolista profesional, de la misma forma que, pese a su esfuerzo y el de sus profesores, pocos seran los alumnos de las diferentes materias que componen el currículo de la ESO --matemáticas, biologia, física, química, filosofia,...-- que llegaran a vivir profesionalmente de sus conocimientos en alguna o varias de dichas materias. Menos serán los que alcancen alguna relevancia por la misma razón y puede que ninguno en otros 30, 40 o más años alcance un Nobel. Me temo que los fundamentalistas científicos no tienen en cuenta que, pese a ello, debo seguir llevando cada sábado mi hijo al lugar que sea para que juegue con su equipo y contribuya, aunque sea desde el banquillo de los reservas, a mantener vivo el espectáculo.
Termino recordando que, afortunadamente y gracias a la financiación de la CIRIT, se publicaron actas de los congresos de lógica que se celebraban en el Museu de la Ciència, las cuales pueden servir, en todo caso, para dar fe, con la perspectiva del tiempo, de la influencia que hayan podido tener dichos congresos sobre la sociedad que los acogió. Peró tambien dan fe de que no fuí el único sorprendido con la obsevación del inaugurador de la edición del año 1984 que he mencionado. El doctor Eduard Bonet, recobrado de su sorpresa inicial, se encargó aquel mismo año, en la nada solemne ceremonia de clausura del <<Congrés>>, de dejar bien claro que estos tampoco habian contribuido en nada al proyecto propuesto por Francesc Pujols en su <<Concepte general de la ciència catalana>> que habia de llevarnos a que los catalanes tuviéramos los gastos pagados donde quiera que fuéramos. Estoy convencido que tampoco se puede imputar ni al Museu de la Ciència ni a cualquier otra actividad de divulgación científico-tecnológica el que todavia estemos algo lejos de llegar a tan magno objetivo.
Llorenç Valverde Garcia
Matemático e informático
Catedrático de la UIB
(La Vanguardia, Ciencia y Tecnologia, 04/02/95)
Autor: Llorenç Valverde
Dept. Matemàtiques i Informàtica
Universitat de les Illes Balears.
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